Un día fue a ver a Mozart un desconocido y le dijo: “Maestro, quiero que me componga lo más pronto posible una misa de difuntos; pero que sea hermosa y digna de su gran ingenio musical”. Mozart, al momento, se puso a hacer la obra y trabajó día y noche, hasta que llevó a cabo la composición. Pero perjudicó tanto su salud este trabajo que cayó gravemente enfermo y sucumbió al mal y murió cuando no contaba más que treinta y seis años. ¿Y la misa de difuntos? La persona que la había en­cargado no dio señales de vida, y los amigos del gran artista hicieron que se cantara aquélla en sus funerales, no encontrando música más digna para honrar al maestro ¿Había pensado Mozart que aquella obra musical se estrena­ría en su propio funeral?

 

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