MISIONERO/ SI QUIERES SALVAR ALMAS, ATIENDE LOS CUERPOS

Una religiosa, enfermera en un hospital para pobres en India, escribe:

“Una tarde un tuberculoso me suplicó que me acercara a su cama. Me miró fijamente, y luego me preguntó:

– Virgen blanca, ¿allá en tu tierra tienes todavía a tu madre?

– Todavía tengo a mi madre, y, gracias a Dios, está bien.

– ¿También tienes hermanas?

– Tenía cuatro. Hace poco una murió.

– ¿También tienes hermanos?

– Sí, tengo.

– ¿Y también tienes parientes que te quieren?

– Tengo muchos. Pero ¿por qué te cansas preguntándome tantas cosas?

– Es que me conmuevo al verte aquí entre nosotros. Tú tienes una madre, hermanas, hermanos, muchos amigos… podrías vivir feliz en tu tierra… Explícame por qué dejaste todo, y has venido entre nosotros a sufrir… Dímelo, por favor…

– ¡Cálmate, cálmate!… al hablar tanto te va a doler el pecho; mira, más tarde te diré ‘QUIÉN’ me invitó aquí para que te atendiera.

Y le di un beso en la frente”. (Francisca Cabrini)

Dice Jesús: “Yo estaba enfermo, y ustedes vinieron a verme” (Mt 25.31ss: Sant 2,14ss; Hech 10,36ss).

 

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