GOTAS DE ESPERANZA

Un joven maestro de obras acababa de colocarse por su cuenta como empresario. Un viejo cervecero amigo de la familia, ahora enriquecido, quiso alentarle encomendándole una importante. obra.
— Jaime —le dijo—, aquí tengo un bosquejo de mis planes sobre una casa. Emplea los mejores materiales; tienes carta blanca para hacer una obra digna, lo mejor que sepas y puedas.

Jaime aceptó. Al principio se propuso hacer la obra a conciencia, pero, poquito a poco, la codicia de mayores provechos le indujo a escatimado todo. Empleaba materiales baratos, cargándolos en la cuenta como de calidad superior, obreros de segunda categoría, y así con todo lo demás.

Concluida la casa, Jaime entregó las llaves a su amigo junto conla cuenta, que ascendía a dos mil libras esterlinas. El cervecero le firmó el cheque y le dijo:
— Aquí tienes las llaves y la escritura de propiedad. Es un regalo que te hago, espero que seas feliz en ella.

Jaime se instaló en su nueva casa. Vino el invierno y la humedad calaba las paredes; el viento silbaba entre las rendijas; la lluvia chorreaba desde el techo; las ventanas no cerraban bien…
— ¿Y yo tengo que vivir aquí toda mi vida? —se dijo—. ¡Qué loco he sido de no hacer una obra sólida y confortable!

Cada uno de nosotros se está labrando su propia casa, su propio carácter y su propia alma; y Dios nos ha dado carta blanca y los caudales de la gracia. Por toda la eternidad será nuestra alma aquello que nosotros habremos hecho de ella.

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