GOTAS DE ESPERANZA

Una pobre monja estaba desolada: se creía condenada y no veía en sus obras sino pecados. San Felipe Neri quiso hablar con ella para librarla de tan funestos pensamientos. Le dijo que tenía el cielo seguro:

¡Ah, no! —respondió la pobre escrupulosa—; el infierno es mi destino.

Pues yo le digo que el cielo. ¿Quiere un argumento?

Dígame para qué murió Jesucristo.

Para salvar a los pecadores.

¿Y qué es usted?

Una gran pecadora.

Así pues, murió Jesucristo por usted. Lavada con la sangre preciosísima, entrará en el cielo.

La gracia obró el prodigio; la monja quedó libre del miedo y el desaliento.

 

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