GOTAS DE ESPERANZA

Un niño está jugando al borde de un pantano. De pronto, resbala y cae al lodo. Allí, hundiéndose, se revuelca sin poder salir, llora y pide con angustia ayuda. La madre le ve, se dirige a él y ¿qué hace? ¿Por ventura lo hunde más hasta ahogarlo en el pantano, aunque haya caído en el lodazal por culpa suya? ¡Oh, no!, le saca, le abraza llena de ternura, le enjuga las lágrimas, le estrecha contra su corazón, le limpia el fango que le mancha y le ama más. viéndole llorar y sufrir. Y no es que la madre ame el fango en que ha caído su hijo; es que, caído y todo, no deja de ser el fruto de sus entrañas.

Pues esto hace Dios con los pecadores cuando caen en el fango del pecado. No es que ame el pecado, es que los ama a ellos, que, aun caídos, son hijos desgraciados redimidos con la sangre de la cruz. No desconfiéis. Id a vuestro Padre como el hijo pródigo. Él os perdonará, os estrechará contra. su corazón y os dará la vestidura blanca y salvadora de la gracia.

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