GOTAS DE ESPERANZA

Luis Veuillot fue uno de los más grandes periodistas de Francia en el pasado siglo. Pío IX le llamaba el «emperador de la pluma». Un día fue a visitarle un amigo, llamó; mas no contestaba nadie. Con la confianza que da la amistad, entró y se asomó al despacho. Allí estaba el periodista con los codos sobre la mesa abismado en la lectura de un 1ibro; lloraba.

Amigo —le dijo el visitante—, ¿qué te pasa? ¿por qué lloras? Luis Veuillot pareció volver en sí de un éxtasis, y por toda respuesta alargó el libro a su amigo y dijo:

Lee… El hombre que lee esta página y no llora no tiene corazón.

Era la parábola del hijo pródigo; aquella parábola que contiene el más tierno y delicado retrato que de su misericordia nos dejó Jesús.

También yo os invito a leer no ya esta página del evangelio, sino en el mismo corazón de Cristo, que al cabo de veinte siglos sigue llamando a todos los hijos pródigos del mundo con esta promesa: «Los pecadores hallarán en mi corazón el manantial y el océano infinito de misericordias

El pecador que lee estas palabras dulcísimas y no llora y se convierte no tiene corazón.

 

 

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