LAS POSTRIMERIAS

Vivía en Francia un hombre de noble alcurnia, rico e instruido. Durante largo tiempo había sido diputado en el parlamento y prefecto de una de las provincias; pobres y ricos le respetaban.

Un día corrió una noticia inesperada; este señor, hastiado de la gloria del mundo y de sus pompas vanas, había entrado en una de las Ordenes más severas, la Trapa de Aiguebelle cerca de Marsella. El caso levantó gran pol­vareda y causó asombro. Sus deudos habrían querido evitar este paso; sus amigos hasta fueron a buscarle en el claustro para destituirle al mundo:

– No puedo volver -les dijo-. ¿No habéis visto en la puerta los tres gendarmes que no me dejan salir de aquí?

– ¿Tres gendarmes?,  no vimos a nadie -contestaron maravillados-.

– Pues fijaos en la inscripción que hay encima de la puerta: “¡Muerte!, ¡Juicio!, ¡Eternidad!”. Son los tres gendarmes que no me dejan salir. Me quedo acá..

 

El Joven Creyente, pug. 97 Tihàmer Toth,

S.E. Atenas, S.A., Xll Ed.

 

 

 

La vida eterna

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