LA CRUZ DE CRISTO NOS FORTALECE

Uno de los trece mártires de Arad, el general Schweidel, cuando le leyeron la condenación a muerte, se dirigió al sacer­dote castrense con estas palabras.

-Padre, he ahí este crucifijo heredado de mi madre que santa gloria haya. Siempre lo he llevado conmigo, aun en medio del fragor de las batallas. Le ruego a usted que lo entregue a mi hijo.

Y como si le ocurriera entonces otro pensamiento, lo toma consigo de nuevo:

-Quiero tenerlo en mis manos y morir con él. Cuando haya muerto no le pese a usted quitarlo de mis manos y entregarlo después en casa.

 

El Joven y Cristo, pag.180 Tihàmer Toth, Editorial latino Americana.

 

 

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