CONSTANCIA EN LOS PROPÓSITOS

En la cima de un pico gigantesco, casi a una altura de dos mil metros hay una capilla. La piedad de los fieles fervorosos la levantó hace siglos. Toda la región está ya desolada, y hace tiempo que nadie visita la capilla. Un día pisando sendas salvajes llegó un turista, y al ver la capilla tuvo una ocurrencia extraña. Tiró de la cuerda de la pequeña campana que había en la torre. A la voz penetrante que no había sonado en tantos años, se levantó una bandada de gorriones y se fueron asustados.

El turista ya con cierta curiosidad siguió tirando de la cuerda; ¿Qué otras cosas verá? No tardó mucho y una nube de murciélagos y lechuzas salió del fondo de las grietas y de las ventanas de la torre. Entonces no soltó la cuerda de la mano hasta que se fueron de la torre todos los animales que la tenían por guarida sucia: lechuzas, gorriones, murciélagos, todos huyeron espantados, y por fin la pequeña torre, recobrando su antigua limpieza, mi­raba con satisfacción el cielo radiante.

El caminante siguió su excursión… Apenas hubo desaparecido, he ahí que…­volvieron primero los gorriones que espia­ban allá en la cercanía…, después los mur­ciélagos…, por fin las lechuzas…, y los antiguos moradores invadieron de nuevo la pobre torre, y unos momentos después, ya la ensuciaban otra vez, como solían hacerlo durante decenas de años. ¡Pobre torre! No pudo librase de tales huéspedes.

El Joven y Cristo, pag.69 Tihàmer Toth,

Editorial latino Americana.

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