MARTIRIO

El 26 de mayo de 1886, el vicioso rey de Uganda, Mwanga ordena aprisionar a todos los cristianos de su palacio. “Que todos los que rezan sean detenidos”. Entre ellos se encontraban Carlos Lwanga, Matías Kalemba y Andrés Kaggwa. “¿Sois cristia­nos?”, les pregunta el maléfico rey. “Sí”, le responden a coro. “¿Queréis ser siempre cristianos?”. “Sí, incluso hasta la muerte”. “Entonces, torturadlos y matadlos”. Los conducen a una colina de Nabucongo. Allí los amarran a unos sarmientos de cañas; los juntan y los esbirros les prenden fuego. Los mártires, entre las llamas cantaban y elevaban a Dios su súplica, entre el humo de su simplicidad.

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