GOTAS DE ESPERANZA

Jesús dejó bien claramente expuesto que el mundo no toleraría su divinidad, y que después de cambiar el agua en vino también se cambiaría el vino en sangre.

¿Qué respuesta daría la Madre? ¿Impulsaría al Hijo hacia la muerte redentora? Su respuesta fue de completa colaboración con la cruz.

La Virgen habla por última vez en las sagradas Escrituras. Dirigiéndose a los coperos, les dice: «Haced cuanto Él os diga.» ¡Magnífica palabra! María nos invita a cumplir la voluntad del Hijo, el cual aseguró que había venido a la tierra para cumplir la voluntad del Padre.

Llenan las ánforas, las llevan al Señor y, según la admirable expresión de Richard Crashaw, «el agua, inconsciente, vio a su Dios y se puso encarnada».

Así, cuando tu alma, vestida de gracia, entra en contacto con otras que no lo están, esas almas se sonrojan.

 

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