GOTAS DE ESPERANZA

Allí donde hoy se levanta, en las minas de diamantes de Sudáfrica, la pequeña ciudad de Dutoitspan, había a mediados del siglo pasado sólo una granja particular. Su poseedor se llamaba Van Wick. La hacienda era más bien un rancho que una granja. El propietario se había construido penosamente, con guijarros, barro y arena, una casita realmente pobre.

Van Wick volvía una tarde cansado del campo, después de una fuerte tormenta, cuando… ¿Qué era aquello? Van Wick no daba crédito a sus ojos. El agua había limpiado la suciedad de la casa, y aquella pobre barraca brillaba y resplandecía al sol del atardecer como si mil soles se reflejasen en ella. ¿ Qué podía ser aquello? Eran piedras preciosas de la primera gran mina de diamantes, que de este modo se descubrió.

¿No es la choza de Dutoitspan una imagen simbólica de la vida de muchos hombres? Miserable es por su insuficiencia, poblada de faltas e imperfecciones, pero el hombre fervoroso, todos los días, constantemente, aprovechando el tiempo, adorna el mísero edificio de su vida con los diamantes de las buenas obras.

 

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