RENUNCIA-CARIDAD

Llaman un día a la puerta de Macario, ermitaño del desierto: «Padre -le dice desde fuera un labrador, os traigo un precioso racimo de uvas. Acéptalo, y que os sirva de refrigerio.» Macario toma con gratitud el presente y bendice al hombre; pero cuando le sonríe el magnifico racimo, dice: «¿No lo necesita acaso más que yo el venerable ermitaño que vive a mi lado?»

Lleva el racimo al vecino anciano. Este lo toma con gratitud y gran alegría, pero después se pone a pensar: «¡Oh! que bien sentaría este racimo al hermano Nazario, que está enfermo.» Y ya está en camino para llevárselo.

Pero Nazario ni quiere siquiera tomarlo: «¿Cómo podría yo tomar esto? A mi Sal­vador le dieron a beber hiel en la cruz. Yo quiero ser discípulo suyo.» De esta manera va peregrinando el racimo de una celda a otra, hasta el ocaso del sol, cuando uno de los ermitaños llega para ofrecerlo a su vez a Macario. El anciano rompió en lágrimas al verlo de nuevo; se regocijaba de tener compañeros de tanto renunciamiento.

El Joven de carácter, pág . 1 5 7 Tihàmer Toth, Sociedad de Educación “Atenas”, S.A., 20a edición

 

 

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