PERSEVERANCIA- CONSTANCIA

En una espléndida madrugada de julio, dos estudiantes emprendieron el camino para escalar la cumbre de Lomnic. Al ritmo de una canción alegre iban caminando de prisa, y riéndose dejaron atrás a un anciano que, al parecer, también se dirigía hacia la cumbre, pero con pasos reposados, tan mesurados, que hasta el “caracol se arrastra mas a prisa observó uno de los estudiantes. Cuando a los diez minutos volvieron su mirada al anciano, les parecía una pequeña hormiga allá lejos a sus pies.

Pero el pulmón de los muchachos empezó a jadear cada vez más; al principio tomaban cada media hora de subida un descanso de cinco minutos, más tarde tuvieron que descansar un cuarto de hora. Y cuando hacia el medio día se tumbaron, completamente agotados, junto a la orilla de una cascada, he aquí que aparecen de repente por el camino el hombre-caracol, y con los mismos pasos reposados, mesurados, como por la mañana, pasa delante de ellos, y sube… cada vez más arriba. Otra vez parece una pequeña hormiga. Los dos jóvenes, en cambio están tendidos sobre las rocas, presos de un cansancio que los paraliza. Porque para llegar a las alturas y alcanzar la cima prefijada no basta un arranque juvenil y una llamarada de fuego de paja, sino que es menester para ello una perseverancia reposada, siempre igual, constante.

El joven de carácter, pag. 168 Tihamer Toth Sociedad de Educación de Atenas, S.A. 20 a Edición

 

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