La intervención de María en las Bodas de Caná

≤La naturaleza femenina debe ser purificada y para ello es necesario tener presente el modelo de la Madre de Dios en las Bodas de Caná: como ella prevenir el embarazo antes de que sea notado, como ella intuir donde hay una necesidad, como ella ayudar sin hacerse notar. Una mujer que obra así, es como un espíritu bueno presente doquiera≥.                                       
                                                                     Edith Stein.

Lo ocurrido en las Bodas de Caná pone en evidencia la disponibilidad al servicio a los demás de María. Resalta también la fe y la confianza que ella tenía en su hijo y que lo indujo a Él a obrar su primer milagro. Ella sabía que Él podía realizar el milagro, confió y el milagro se realizó. Por otro lado, es de destacar que el primer milagro realizado por el Hijo de Dios en la tierra fue gracias a la intervención de una mujer, es cierto que era su madre, es cierto que se trataba de una mujer llena de fe, es cierto también que debió ser una petición hecha con firmeza pero revestida de humildad como correspondía a la que se había autodenominado “la esclava del Señor”, pero con esto seguramente Jesús también quería demostrar lo importante que para Él y para su padre era la mujer en general, en una época en la que no era valorada y sus palabras y sus peticiones no eran tomadas en cuenta, y lo importante que es, y el poder de hacer que se obren milagros que ante Dios tienen la suplicas de una mujer perfecta como María.

 Convertida en discípula del hijo, María manifestó en Caná una total confianza en Él.  «La existencia de María es una invitación hecha a la iglesia a radicar su ser en la escucha y la acogida de la Palabra de Dios, porque la fe no es tanto la búsqueda de Dios de parte del ser humano, es sobre todo el reconocimiento por parte del hombre de que Dios viene a él, lo visita y le habla.[…]. La fe continuamente reenvía a Jesús – “Hagan lo que él les diga” (Jn 2,5) – »  .

La mujer hoy habita en un mundo moderno que es materialista y hedonista en el que todo parece más fácil, en el que se ofrecen soluciones mágicas a todos sus problemas y en el que la guía y la fortaleza para afrontar las situaciones de la vida no se buscan en un dialogo intimo con Dios ni llevando una vida eucarística sino mediante otros medios y recursos que el mundo pone a su alcance y que ofrecen soluciones muy lejanas a las propuestas por Dios. Esto lleva a la persona, a la mujer, a empobrecerse cada vez más como ser humano y no la ayuda a solucionar sus problemas, sino que los anestesia y los maquilla, y la sumergen a ella en un proceso, que la aleja de Dios y la coloca en una situación de dependencia de otras personas y de cosas, y de esta manera va perdiendo el verdadero valor de sí misma y va dejando atrás el sentido de su dignidad.

La mujer que quiere ser feliz, ver y lograr verdaderos milagros tiene que voltearse a mirar a María e imitarla. Tiene que escuchar la palabra de Dios que le habla a su corazón, estar atenta a lo que Él le pide, llevar una vida de dialogo intimo con Él, colocarse a su servicio y mediante este servicio servir también a los demás. Debe saber que muchos milagros requieren de una fe firme y madura, y de paciencia, y que esta paciencia en algunos casos deber ser heroica.

Esther María Iannuzzo.

Share

One Ping

  1. Pingback: “El vino nuevo” Lectio Divina Domingo II de Navidad (Jn 2,1-11) | Biblia y Comunicación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *