Cuando tu vida parece naufragar

Con qué facilidad perdemos la paciencia y la calma. Los acontecimientos de nuestra vida muchas veces, al no realizarse como nosotros teníamos pensado, nos crean disgustos y en ocasiones nos llevan a pelearnos con Dios. Cuántas veces un proyecto no realizado, un percance en una actividad en la que parecía que estaba todo organizado y bajo control, un examen fácil en la universidad y que la calificación no era para ser menos de 9. No siempre las cosas nos salen como las teníamos planeadas, al fin de cuentas el que sale embarrado es Dios. Él es el culpable de que mi vida naufrague, nos precipitamos en hacer juicios y comentarios poco apropiados. Lo mejor siempre es esperar y de allí sacar las conclusiones que sean las mejores para nuestra vida, no hay mal que por bien no venga, nos dice el refrán.

El único sobreviviente de un naufragio encontró refugio en una pequeña e inhabitada isla y cada día oraba fervientemente pidiendo a Dios que lo rescatara. Así, diariamente revisaba el horizonte buscando ayuda, pero ésta nunca llegaba.

Cansado de esperar, se dedicó a construir una pequeña cabaña para protegerse a sí mismo y cuidar de sus pocas posesiones. Pero un día, después de andar buscando comida, regresó y encontró la pequeña choza en llamas, el humo subía hacia el cielo… Lo peor no fue que se haya quemado la cabaña, sino que con ella todo lo que tenía, el mundo se le vino encima, ya no sabía qué hacer, había caído en la de-sesperación y se quería morir.

Confundido y enojado con Dios, en medio de lágrimas le decía: “¿Cómo pudiste hacerme esto? ¿Por qué permites esta desgracia?” Y se quedó dormido sobre la arena.

Al siguiente día, muy temprano, escuchó asombrado el sonido de un barco que se acercaba a la isla… Finalmente venían a rescatarlo.

Cuando tuvo frente a sí a los marineros, les preguntó:

“¿Cómo sabían que yo estaba aquí?”. Y sus rescatadores contestaron:

“Vimos las señales de humo que nos hiciste…”

Es fácil enojarse cuando las cosas van mal, pero no debemos perder la paz en el corazón, porque Dios está preparando algo bueno para nuestras vidas, aun en medio de lo que reconocemos como penas y sufrimientos.

Recuerda, la próxima vez que tu pequeña barca naufrague, o tu humilde choza se queme…. puede ser simplemente una señal de humo que surge de esa presencia siempre misteriosa de Dios en tu vida y que busca ayudarte y hacerte crecer.

Por todas las cosas negativas que nos pasan, debemos decirnos a nosotros mismos: Dios tiene una respuesta positiva a esto.

 

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